Country Fictions

Mar, 03/02/2015 - 10:00 - Vie, 20/03/2015 - 10:00 Juan Aballe
Country Fictions

Country Fictions propone un paseo por el campo más allá de las ciudades sin horizonte. Las imágenes evocan una memoria de la Naturaleza, late en ellas un melancólico anhelo de regreso a una naturaleza primitiva habitada por el mito del “bon sauvage”.

Sin embargo, el  viaje propicia el hallazgo de que la naturaleza originaria sólo existirá representada en nuestra imaginación.

Country Fictions construye  paisajes mediante una mirada heredada  de la escuela paisajista americana, abriendo ventanas para imponer un orden al mundo que nos muestra y que registrándolo en color nos parece más transparente y cercano.  El vagabundeo nos lleva a imágenes susceptibles de ser soñadas por nosotros mismos o por el fotógrafo, como la del caballo blanco detenido ante una verja  cuya piel es la del paisaje nevado, o la calle vacía decorada con pobres y tristes banderitas de fiesta.

El paseo  transforma el mundo real  en una ficción soñada por los personajes retratados, la mujer con turbante azul escapada de algún fotograma de cine negro,  una Venus dormida  cubierta por sábanas azules , o la mujer maga perdida en la contemplación de las montañas.  

Juan Aballe emplea los elementos transformadores del mundo que se hallan presentes en la naturaleza intrínseca de la fotografía, para contarnos un regreso a la naturaleza convirtiendo la Península Ibérica en un país de ficción, o un país de ficción en la Península.

El “encuadre activo”, definido por Stephen Shore,  logra  que el mundo de estas  fotografías  quede contenido en la imagen y que éstas no se presenten como fragmentos arrancados al paisaje, sino como el paisaje mismo y un tratamiento del tiempo otorgando quietud a ese paisaje, entre real y soñado.

El ritmo del paseo  se detiene en  las miradas de los retratos,  una pareja que reposa abrazada a su tristeza, un hombre que lleva tatuada una selva en el brazo, y al final del mismo nos invade la nostalgia del paraíso del que fuimos expulsados, quedándonos la inmensa soledad de la mujer que mira el paisaje,  que podría haberse fugado de un cuadro de Edward  Hopper,  y el paisaje artificial que podría  formar parte del  decorado del Beach Motel  de Wisconsin en  Uncommon Places de Stephen Shore.

En la última etapa del viaje solo pedimos  entender que el viaje es el regalo.

Itaca te regaló un hermoso viaje.

Sin ella el camino no hubieras emprendido.

Mas ninguna otra cosa puede darte.

Konstantino  Kavafis. Itaca (1911)

Carmen Dalmau. Enero, 2015
 

Texto de JÖRG COLBERG (Conscientious Photography Magazine)
 

[…] Hemos de ser conscientes de que toda utopía es ficción. La fotografía en sí es una ficción (desafortunadamente una ficción que lleva el disfraz de la realidad).
A través de su título, Country Fictions nos lo deja claro. Los paisajes, las personas, las rudimentarias viviendas, el cuadro idílico en la pared… todo ellos una vez representado se convierte en ficción.

Una ficción como -por poner un ejemplo- la que podríamos ver en una película de Mad Max, sin embargo la diferencia reside en que todo el mundo sabe que la película es una ficción mientras que es mucho más difícil aceptar que Country Fictions también lo es.

En su conjunto, el proyecto de Aballe nos muestra lo que consideramos como solución a nuestros problemas contemporáneos en un contexto en el que el futuro es tremendamente incierto y en el que nuestros padres parecen haber vivido con una estabilidad mucho mayor que nosotros. Es una vuelta al pasado, a un mundo más sencillo, mejor, un mundo que en realidad nunca existió (basta con abrir un libro de historia para ser conscientes de la dureza de un mundo en el que, por poner sólo un ejemplo, la idea de la infancia era muy diferente).

Pero la belleza de una utopía es que, por supuesto, no tiene por qué ajustarse a la realidad. Después de todo es una utopía. Country Fictions nos confronta con nuestros propios sueños, y sería ingenuo negar que los tenemos. La pregunta es entonces: ¿qué podemos hacer para asegurarnos de que se cumplan?
Probablemente no debemos esperar que las cosas se parezcan a esta ficción, pero ¿qué aspecto tendría un mundo creado por nuestras propias ficciones?

¿Qué podemos hacer para dejar de necesitar el narcótico en el que se ha convertido la nostalgia?

 

Texto de EDUARDO MOMEÑE (para el libro Country Fictions)
 

Es prácticamente seguro que las buenas fotografías surgen de las palabras, de las palabras bien dichas. Lo que ocurre, lo que acontece, genera palabras, a continuación llegan las fotografías. Es necesario hablarlo antes, es muy difícil hacer fotografías sin haberlo dicho antes, es complicado ver sin decir. Ver es hablar con una cámara, es necesario el universo de las palabras y también el de la visión, tan diferentes, son profesiones diferentes. Para ver es necesario ser fotógrafo, ello implica un decir visual, un expresar sin palabras, un idioma que muestra pero no explica, tan solo el poder de lo visual, es necesario un pensamiento visual, lo visto debe ser descifrado, no se habla como lo hacen los escritores de palabras, no es traducible. Es necesario ser fotógrafo. Una vez conseguido ello, comienza nuestra narración.

Miro las fotografías de Country Fictions y las separo, las aíslo, una por una, tan solo leo lo visual, lo que me obligaría a pararme porque comprendo la voz que las anima, el sonido que portan, ya habrá tiempo para hablarlo. A continuación vuelvo a unirlas, una detrás de otra, comienza la explicación, cada línea respalda a las demás. El texto visual nacido a partir de las palabras, se ha consumado, dice lo que prometió decir. Las fotografías lo han conseguido. Esta es mi manera de entenderlo, Country Fictions es una obra fotográfica.

Quizá fue Henry David Thoreau uno de los primeros que lo habló. No es tan solo el hecho social/sociológico/sicológico de la vuelta a aquel lugar que prometía una mente libre de impedimentos. Lo que promete un pequeño lago como Walden es algo más que una cabaña en la que vivir, ahí se acabaría todo, incluido el sueño, en este caso “otro sueño americano”. Las fotografías de las que hablamos surgen del viaje hacia Walden, son americanas, no son producto de los bosques de Rousseau, tampoco de los poemas de Shelley en Los Alpes. Mientras Thoreau escribía Walden, Carleton Watkins fotografiaba la naturaleza inmaculada y salvaje de América, él en el medio de todo aquello, otra manera de ser poeta, la naturaleza comenzaba a escribirse en prosa, en una nueva prosa. Es allí donde probablemente comenzó un nuevo viaje, tan solo era necesario habitar los paisajes de Watkins con los “asentamientos” de Thoreau. Ya es un nuevo paisaje, ya habitado de otra manera. James Agee y Walker Evans hasta Cormac McCarthy, una de las referencias de Country Fictions, es esa narración americana. También Jonas Mekas, quien dice: “Miré el paisaje y no me hablaba”.
Un breve paréntesis: En América, literatura, fotografía y cine son lo mismo, también la pintura si se trata de Edward Hopper, ese paisaje lo ha hecho posible.

Es el viaje de Country Fictions, es la cámara de Country Fictions, esa manera de escribir, la distancia visual exacta, también la vocación descriptiva del medio y gran formato. Transcurrimos por un paisaje proyectado por quienes lo miran, lo viven, todo es uno, nosotros construimos el paisaje, tratamos desesperadamente de romper su mutismo. Es un viaje desde dentro, escrito, fotográfico, el mejor viaje.
 

Eduardo Momeñe
Bruselas, julio 2014

        

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