El olor a vísceras

Jue, 31/05/2012 - 20:00 - Vie, 07/09/2012 - 20:00 Javier Marquerie Thomas
El olor a vísceras
El olor a vísceras
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El olor a vísceras
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El olor a vísceras
El olor a vísceras
El olor a vísceras
El olor a vísceras
El olor a vísceras
El olor a vísceras

Siempre he fotografiado mis paisajes, los que me pertenecen y a los que yo pertenezco. El olor a vísceras es un proyecto circunstancial. Ahora, en el salón de mi casa, creo estos paisajes y  retrato coleccionando estas biografías. Exteriorizo el interior, entendiendo pero olvidando lo que se encuentra en la calle. En la concepción de lo infinito, la lógica se diluye y las escalas del espacio y del tiempo se convierten en conceptos abstractos e irrelevantes. La comprensión de lo infinito depende de su significado, quizá por esto paradójicamente, el infinito es incomprensible, ya que solo puede ser imaginado.

Para observar algo es necesaria la paciencia, una mirada no es suficiente. La observación solo se establece en la esfera de la repetición. Ningún objeto es único, igual que ninguna experiencia (de él) es reproducible.

En una ruptura, dislocado de las biografías, solo existe un tiempo; un recreo en el presente continuo, una suspensión.

Paradoja del feto en el útero, paradoja de lo infinito; un canto junto a otro, un principio junto a un final, con límites pero ilimitado.

Aquí, el olor a vísceras es fuerte, es hermético.
 

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